6 de Mayo de 2014

DIXIT Ideas frescasLo esencial

Paco Azorin

Actor 

El teatro es un género que siempre ha estado en permanente estado de supervivencia y eso es algo que se nos ha quedado impreso a todos los que nos dedicamos profesionalmente a él. Tanto que, curiosamente, esta crisis no está siendo tan difícil para este sector como para otros. Es cierto que hay menos trabajo, que se han bajado los salarios y las aportaciones y subvenciones se han reducido, pero por suerte no han conseguido enterrarlo y diariamente, en casi todas las ciudades, hay un lugar donde se hace teatro. Con lo cual, una vez más hemos demostrado que el teatro goza de mejor salud de lo que imaginábamos.

Sin embargo, esta crisis ha servido para despertar a quienes estaban dormidos. No puedes quedarte en casa esperando a que te llamen. Porque pocas veces lo hacen. Personalmente no he sufrido la crisis porque he generado mis propios proyectos. Soy muy hiperactivo y no puedo estar esperando a que suene el teléfono. Por suerte, gracias a esto puedo afirmar que tengo proyectos para los próximos tres años.

Además, esta compleja situación ha ayudado a que se acaben esos montajes ampulosos de antaño. Nadie escribió en ningún lugar que el teatro o la ópera tuvieran que ser por definición espectaculares. Como escenógrafo, siempre he defendido que el escenario tiene que ser el apropiado, porque por muy exagerado que sea, si no es revelador para la historia, no sirve de nada. Con lo cual, en los últimos años se ha dado una reducción de los medios, algo que, lejos de suponer un problema, se ha convertido en una gran ventaja. A veces, en el teatro, como en la vida, centrarse en lo esencial y eliminar lo superfluo y accesorio es vital para poder seguir adelante y crecer de nuevo.

Por tanto, puedo augurar un gran futuro para este sector. Aun así, creo que nos queda una asignatura pendiente, que es convencer a la sociedad de que el teatro y la ópera son algo imprescindible. Es vital que todos hagamos un trabajo más didáctico para hacer entender que un país no puede vivir sin teatro ni ópera porque son su cultura. Pero confío en que lo vamos a conseguir, pues este género nos acompaña desde hace más de 20 siglos, aunque para que siga creciendo tiene que adaptarse a la situación de hoy y reflejar la realidad, por dura que sea, para no quedarse anclado en el pasado.

Todas las crisis de la historia han tenido un principio y un fin y parece que el de esta se acerca. Una vez más, habrá muchas lecciones que aprender. Mientras tanto, nunca volveremos a ser los mismos. Eso sí, por lo menos podremos contar a nuestros nietos: “Yo sobreviví a la Gran Crisis de 2008”.

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