28 de Abril de 2015

¿Aburrido de tu trabajo? A ver si va a ser ‘boreout’

Desidia y baja autoestima, principales síntomas de un mal del siglo XXI

boredSon las 12 del mediodía y un empleado cualquiera mira el reloj. Hace tan solo dos minutos lo miró también. Dentro de dos minutos lo volverá a mirar. Las jornadas son demasiado largas. Tediosamente largas. Insoportablemente largas.

Víctima de lo que se conoce como “boreout”, este empleado solo siente tedio, desidia, “bajón”, aburrimiento crónico. Haría lo que fuera por recuperar el estrés de antaño, la emoción del trabajo bien hecho, una pasión por el deber cumplido que ya apenas recuerda…

Si reconoce en usted alguno de estos síntomas puede estar entrando en esa peligrosa zona de aburrimiento crónico que hoy conocemos como “boreout”. El esfuerzo del trabajador no se ve recomepensado —o él así lo siente—, la rutina se ha apoderado de su día a día, el trabajo es una gran losa y los domingos se han convertido en el día más temido. Este síndrome es una respuesta a unas condiciones externas de poco o nulo nivel de desafío, por lo que los expertos recomiendan enfrentarse a él con proactividad, tomando las riendas de nuestro destino en la medida en que nos sea posible: siempre más de lo que creemos y menos de lo que deberíamos. Así, si como predica Steven Cobey, padre de los “Siete hábitos de las personas altamente efectivas “, el 10% de lo que nos sucede está fuera de nuestro control, pero el 90% depende de nosotros, aun nos queda mucho, pero que mucho, por hacer.

Empezar a divertirnos

Lo primero, sacudirnos la parte de pereza que conlleva este síndrome para ponernos en marcha. Libres de esta carga, diseñaremos una serie de estrategias para incrementar la eficacia de nuestro trabajo, buscando nuevas formas de hacer lo mismo pero de forma más rápida, más creativa, en compañía de otros de los que podamos aprender; en definitiva, de una manera más interesante. Al mismo tiempo debemos buscar, más allá de nuestra zona de confort, otro trabajo que nos permita escapar del tedio. Sin prisa, sin desmayo, tarde o temprano la oportunidad aparecerá. El hecho de necesitar el trabajo no puede ser una condena perpetua y remover cielo y tierra para encontrar otra oportunidad debe ser una obligación para nosotros. Por último siempre nos queda el recurso de “hablar con el jefe”. Tal vez no es consciente de la situación en que nos encontramos. Pídale una oportunidad de desarrollar nuevas responsabilidades, roles que hasta ahora no ha tenido la ocasión de desempeñar. Convénzale con argumentos de peso: no tiene nada que perder y mucho que ganar, todos están juntos en la consecución de los objetivos comunes, el cliente puede salir también ganando con este cambio y, delegando, él podrá también asumir nuevas responsabilidades al descargar su día a día.

Si no encontramos la respuesta que esperamos, nunca debemos tirar la toalla. Nadie dijo que fuera fácil conseguir un trabajo, mucho menos ese capaz de ilusionarnos, de mantenernos vivos y entusiasmados.

¿Cómo he llegado a esto?

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