15 de Febrero de 2016

APUESTA FIRME POR CONVERTIR LA DOCENCIA EN UNA PROFESIÓN DE ÉLITERevolución en las aulas: Marina propone ‘examinar’ a los profesores y pagar más a los mejores

contratoPresentaba José Antonio Marina su último libro, “Despertad al diplodocus”, con Risto Mejide de moderador, en un encuentro en el que sus declaraciones sobre los profesores habían caldeado el ambiente. Era difícil para los “no docentes” entender qué les había herido tanto para increpar a uno de los suyos, a un catedrático de Filosofía, con tanta pasión como inquina. “¿Tienen que cobrar más los mejores profesores?”, preguntó a bocajarro Mejide. Marina defendió con coraje su versión: “Sí. Clarísimamente y no acabo de comprender el revuelo que se ha organizado. Ha habido protestas de todo tipo: el Secretario General de un sindicato de la enseñanza me ha dicho que eso no se puede hacer, que todos los docentes son buenos porque todos han ganado una oposición… ¿Esto es ingenuidad? ¿Ignorancia? ¿Una especie de corporativismo tonto? También me han dicho que no se puede saber si un profesor es bueno o malo. ¡Hombre! ¡No lo sabrás tú!”

Así se examinaría al profesor

Marina defiende una evaluación “transparente, objetiva y con unos criterios justificados” del profesorado. Para ello, él y sus colaboradores han identificado diferentes parámetros ya utilizados en otros países: “El primero es el portfolio del docente: en él vas a decir, además de lo que has estudiado, lo que has hecho, de qué has dado clase, qué cosas haces voluntariamente para mejorar tu experiencia o tu capacidad. En él puedes llevar grabaciones de tus clases… Se trata de mostrar claramente cuál ha sido tu evolución.

En segundo lugar, el progreso educativo de los alumnos, no la nota: si un alumno ha pasado de 1 a 4 ha tenido más progreso que si ha pasado de 9 a 10. En tercer lugar, la observación del profesor en el aula: cómo da clase”. No se trata de evaluar sus conocimientos sino su forma de relacionarse con el alumno: “Si aprenden, si están interesados, si hacen preguntas, si mantienen la atención…”

Marina defiende una idea extremadamente sencilla y a la vez innovadora:  “Nosotros no debemos ser expertos en todo: debemos ser expertos en hacer que los alumnos aprendan”. “Cómo se comporta ese profesor dentro del centro —porque puede haber profesores muy buenos en clase, pero que al salir del aula se metan en su despacho, lejos de la función ejecutiva del centro— y la evaluación del propio centro” forman parte  del “examen” propuesto por José Antonio Marina, quien finalmente propone un coeficiente de corrección atendiendo “al entorno del centro: si es marginal, con dificultades, con muchos inmigrantes… Estos condicionantes puntúan más porque queremos que los grandes profesores estén en los centros más difíciles”.

Indignado, uno de los docentes asistentes deja en el aire una pregunta-quejido: “Pero en este país, ¿sirve de algo hoy formarse? “En este momento, lo que es un suicidio es no formarse”, le responde raudo el autor de “Despertad al diplodocus”. “Hemos entrado en una sociedad de aprendizaje en que vamos a tener que seguir, todos, aprendiendo siempre, cada día. De lo contrario, nos convertiremos en el bar de copas de Europa”.

Jose_Antonio_Marina

¿Conseguirá el ‘Libro blanco del docente’ que el diplodocus tenga buen despertar?

La elaboración de un “Libro Blanco de la Función Docente y su entorno escolar” fue una de las primeras propuestas del Ministro de Educación, Cultura y Deporte, Íñigo Méndez de Vigo.

Cuando llamó a José Antonio Marina para proponerle esta tarea, el escritor dudó, pero finalmente aceptó. En su último libro, “Despertad al diplodocus” explica que “para emprender un cambio educativo es necesario creer que puede producirse, querer hacerlo y saber hacerlo”. Él cree en ese cambio, quiere hacerlo y sabe hacerlo, y así ha publicado el esperado documento, firmado por él, Carmen Pellicer y Jesús Manso, y abierto a todos.

¿Y no tiene miedo de ser utilizado políticamente? “Hace un par de años tuve que escribir el prólogo de las obras de un escritor que tuvo mala suerte, Max Aub, y me llamó la atención la frase que dejó de epitafio:  ‘Hice lo que pude’. Yo me la repito mucho. No sé muy bien de qué va a servir este encargo, pero lo que sí sé es que he hecho lo que he podido y que nunca se ha hablado tanto de educación. Creo que estamos viendo que el diplodocus sí se puede despertar, que podemos tener un sistema educativo de alto rendimiento en cinco años y que tenemos la hoja de ruta”.

La docencia, profesión de élite

Ningún profesional de la docencia debería dejar de leer este documento que pretende “reformular nuestra profesión como una profesión de élite”.

En sus primeras páginas encontrarán palabras de sosiego los profesores más críticos: “Este Libro Blanco, que al insistir en la necesidad de  cambiar parece  que  está  poniendo en tela  de  juicio la  capacidad de los  docentes actuales, en realidad  está  confiando en su  talento  para  evolucionar,  para  aprender  y reinventar  sus  competencias”.  En él se desgranan revolucionarias ideas que pueden despertar vientos de cambio, para acabar con un pensamiento que debe acompañar a todo profesor: “Los docentes estamos colaborando para que la Humanidad alcance su plenitud, para librarnos de la selva, para andar por el camino de la libertad. En eso consiste nuestra vocación, aunque a veces no la escuchemos”.

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